Este lunes, en La Grada Ràdio, I.G., la primera víctima del atropello múltiple ocurrido el pasado jueves en los alrededores del RCDE Stadium, ofreció un testimonio directo, sereno y profundamente conmovedor. Tras explicarnos el pasado sábado su dura vivencia, hoy ha entrado en directo en nuestro programa y con una intención clara: que se conozca la verdad de lo sucedido. Su relato, tanto por su crudeza como por su claridad, arroja luz sobre un episodio que no puede explicarse con superficialidad ni simplificaciones.
“Me encuentro mal, la verdad, estoy intentando recuperarme físicamente, la parte mental está ahora, he pasado noches bastante duras. Sólo quería en que el foco se pusiera en que se supiese la verdad”, comenzó diciendo I.G., aún visiblemente afectada por la experiencia y bajo los efectos de la medicación prescrita para soportar el dolor físico. Sus palabras no buscan protagonismo ni conmiseración, sino justicia informativa y respeto hacia las víctimas de un hecho que, hasta ahora, ha sido objeto de versiones confusas y relatos incompletos en parte de los medios de comunicación.
I.G. fue la primera persona alcanzada por el vehículo conducido por una mujer que, tras arrollar a varios aficionados pericos, fue puesta en libertad provisional este sábado. En su testimonio previo por escrito, ya había descrito el momento del impacto: “De repente, y sin posibilidad alguna de reacción, me atropella un coche blanco, dejándome el brazo izquierdo completamente atrapado entre la rueda delantera derecha y el pavimento de la acera”.
Las secuelas del atropello han sido graves. “Lo del hematoma que expliqué, se taponó la arteria, perdí sangre. La pierna izquierda estoy esperando a que me hagan pruebas, no la doblo bien. El brazo izquierdo, ya se vio en las fotos, es horrible, y el derecho lo tengo bien. También tengo moratones. Pero es que me pasó un coche por encima, doy gracias a que lo estoy contando, y gracias a la gente que me cogió por las axilas y me sacó de ahí”.
Más allá del relato físico del suceso, I.G. quiso insistir en la responsabilidad colectiva de contar lo ocurrido con precisión y sin tergiversaciones. “Hay que contar la verdad, y no se estaba contando. Ni somos salvajes ni somos animales, la gente estaba salvándonos. Fue un drama que se contó como no se ha contado, y aquí no hay colores, aquí hay gente herida”.
Su intervención, breve pero contundente, constituye un ejercicio de dignidad y de reivindicación de la verdad frente a la desinformación. En un contexto todavía cargado de incertidumbre judicial, testimonios como el de I.G. son esenciales no solo para reconstruir los hechos, sino para garantizar que las víctimas no queden ninguneadas bajo versiones interesadas o narrativas erróneas.
Su voz merece ser escuchada con atención y respeto. Porque, como ella misma ha subrayado, lo vivido no admite interpretaciones: fue un atropello, con víctimas reales, y con consecuencias que aún siguen muy presentes.