Volvió el fútbol, y volvió también la mirada diferente de Juan José Caseiro, esa que va más allá del resultado, del esquema o del VAR. El equipo de Manolo González pasó por el Tartiere como un equipo serio, sólido y con alma. Pero en esta contracrónica del Oviedo – Espanyol, el foco está en lo que no se ve en los highlights: en los detalles, los gestos, las sensaciones, los matices. Desde el homenaje estético al fútbol de los 80 hasta la lectura futbolera de quienes entran y salen del once, esta pieza es un viaje por los 90 minutos a través del filtro Caseiro. Porque el 0-2 fue solo la excusa. Lo que importa es lo que dejó.
Príncipe de Asturias
Comienzo por el uniforme: la combinación nos dio para ir vestidos de suplentes de Francia en tiempos de Platini. Sirvió la publicidad de la camiseta para conjuntar el rojo de las medias. Probablemente no se repita esta vestimenta y quedará como una curiosidad más de nuestra historia. Como aquella de Francia en el Mundial 78: por coincidencia con Hungría, jugó con la camiseta verdiblanca del Banfield argentino.
Apareció Dmitrovic cuando se le necesitó y puso remedio a las últimas actuaciones; Rubén pide paso, Riedel encontró como saltar líneas rivales, mientras Cabrera era el más centrado en los minutos finales de la zozobra a los que llegó Romero con ese fútbol que nos deja perplejos.
De todo lo de Pol me quedo con su vocación de servicio al grupo: fue el único que se atrevió a jugarse la amarilla en el avance de Hassan y Expósito dio un recital, nivel selección.
Le pasaremos a Dolan lo que no le consentimos a otros y por encima de los goles, la recuperación de Milla es un hecho. Kike firmó un gol del convencido que lo busca hasta la extenuación y Roberto lo tiene retenido porque el bote de ketchup lo tiene Pere.
Se había movido el árbol y los del banquillo querían recoger sus frutos: Roca dio valor a sus minutos, Pickel fue el primer recurso de contención por delante de Urko, a Omar le sentó bien la píldora de la suplencia para convertirse en asistente y Salinas casi hace la suya en la última llegada.
El parón había dado traído algo de impaciencia. Ya eran cuatro las jornadas sin victorias y enfrente la leyenda de “a entrenador nuevo, victoria segura”. Con una presencia de equipo serio, conjuntado y ambicioso, se templaron las gaitas. Un Espanyol a la francesa salió a jugar el viernes noche y volvió bajo el brazo con su propio Príncipe de Asturias: los 3 puntos.
Juan Josñe Caseiro
