El Espanyol perdió el derbi ante el Barça, pero no perdió el alma. Juan José Caseiro firma una contracrónica escrita desde las entrañas, con rabia, ironía y mucho espanyolismo. Habla de justicia, de orgullo, de un equipo que compitió de tú a tú y mereció más. Porque aunque el Barça se llevó los puntos, la ovación final fue para los nuestros. Derrota, sí… pero cautelar.
Derrota cautelar
Duele, claro. Como todo lo que es injusto. Y el fútbol esconde en esquinas oscuras pasajes que no encajan con la lógica. Aunque si vas prevenido, intuyendo que no te dejarán ganar, la sorpresa es menor. El excelente partido del Espanyol coincidió con una baja definición en ataque y un gol de un tio que cuesta 50 millones y que, a día de hoy, sigue jugando con una cautelar que pídela tú.
Dmitrovic hizo un paradón y no pudo con los dos siguientes; Omar y Romero parecían un espejo en bandas contrarias secando a sus extremos, Calero cortó los pases a la espalda más peligrosos y la venda en la frente me llevó a pensar que Cabrera es un central para todas las épocas.
Sensacional Urko, que guardó el balón en los pies como lo hacen los del hockey con el stick y un Pol enérgico que se dejó todo, hasta la quinta amarilla. Expósito no tuvo tantas pompas de jabón como en partidos pasados.
Dolan alborotó sin descanso y Milla representó en un cabezazo que el gol estaba difícil, donde Roberto debía haber escuchado lo que dijo Brais Méndez el año pasado tras jugar contra nosotros: a Joan hay que picarle el balón en los mano a mano.
Los cambios para mantener la intensidad enseñaron un Jofre haciendo buenos slaloms y Kike al que bloqueaban, aunque el balón le pasara a cinco metros de distancia. Terrats y Puado, completaron los relevos sin poder tener tiempo.
Quién sabe, algún año de estos, cuando se levante la cautelar, cuando haya un cambio de gobierno que limpie el CSD o cuando le apetezca a un juez, quizá ahí, podremos reclamar el resto de los mortales. Vamos a tomárnoslo como una derrota cautelar. El aplauso final al equipo fue la mejor señal, de que hay convencimiento y que estamos orgullosos de ser pericos.
Juan José Caseiro





