Tras el derbi del pasado sábado entre Espanyol y Barça, donde se vivieron ciertamente momentos calientes y algunas protestas en la grada del templo perico, el Comité de Competición decidió sancionar al Espanyol con solo 300 € por el lanzamiento de botellas y otros hechos en el RCDE Stadium. Desde el propio club blanquiazul se respiró con alivio, ya que a pesar de que habían recibido la felicitación de LaLiga por el paquete de medidas implementadas para evitar incidentes de calado en este encuentro, algunas informaciones en el sentido de que había riesgo de cierre preocupaban.

Curiosamente, en vez de que desde todos los bandos haya habido satisfacción generalizada por el hecho de que esa sanción, una simple multa tipificada como alteración de carácter leve, refleje que hubo incidentes pero muy alejados de la gravedad con la que se especuló en las semanas previas al partido, la cuantía de la multa y que no haya venido acompañada de otro castigo mayor en forma de cierre ha causado un revuelo que va mucho más allá de la simple cifra: ha generado ruido en tertulias culés y en medios afines al Barça, y dicen que incluso ha molestado en el propio club blaugrana: no pedirán el cierre del estadio pero hay malestar por una multa que consideran excesivamente leve.
No son justificables los lanzamientos… pero fueron leves
Vamos con lo que pasó de verdad: sí se produjeron incidentes. En el minuto 89, varios aficionados lanzaron botellas llenas o semillenas con tapón al terreno de juego, lo que llevó al árbitro a activar el protocolo y advertir por megafonía. El acta recogió que no impactaron en ningún futbolista ni en el árbitro, y que no causaron daños.

No son justificables los lanzamientos de botellas, eso está claro, y cualquier acción así está es censurable y debe evitarse, siempre. Pero también es cierto que fueron muy puntuales, aislados, que no pusieron en peligro físico a nadie, y que a nadie le puede entrar en la cabeza que sea suficiente para castigar a todo un club y a su afición, que mayoritariamente no participó en hechos de ese calado. Y si eso se mide con el artículo 117 del Código Disciplinario, Competición decidió que era un incidente leve y aplicó una multa consecuentemente leve. No es demasiado dificil de entender.
Pero en vez de verlo así, algunos esperaban más
Ahí es donde empieza todo el ruido mediático, y el revuelo consiguiente. En vez de celebrar que los incidentes fueron, insistimos, aislados y que no pasó nada grave, lo que se ha percibido es un evidente malestar en buena parte del entorno culé por una sanción que no fue dura.

Si fuésemeos malpensados, podría deducirse que el objetivo real de algunos no era pedir calma o responsabilidad, sino que se produjera algo más escandaloso con consecuencias mucho más severas: se hablaba de cierres parciales de grada, incluso, según se comentaba en tertulias, se esperaba que el estadio se cerrase tras los hechos anteriores de tensión por el recibimiento a Joan García. Y como eso no pasó, la multa de 300 € ha sentado por ser generosos digamos que «regular.
Entre críticas y provocaciones: algo más que fútbol
Da la sensación de que el mismo Barça y sectores afines empeñados en criminalizar al grueso de la afición perica querían una sanción exagerada, con el cierre parcial o total del RCDE Stadium. Si no, según esta lectura, no se entienden ciertas provocaciones, desde gestos a la grada hasta celebraciones de gol en zonas delicadas, pasando por actitudes que rozan la provocación más que la competencia deportiva.
Lo que no sorprende es que, al final, Competición aplicó una sanción que va acorde con la gravedad real de los hechos: un lanzamiento de botellas que no llegó a causar daños, unos hechos que el propio reglamento contempla como sancionables pero leves.
Algunos medios vuelven a polarizar: Espanyol como enemigo
Lo que sí ha quedado claro en todo este lío es algo que muchos pericos ya sabían: hay medios que parecen exclusivamente al servicio de los intereses culés, y que cuando se trata de enfrentar al Barça con el Espanyol, tienden a vender la situación como si aquí pasara algo monumental.
¿El resultado? En vez de ser una noticia para respirar tranquilos -los incidentes no fueron graves, el estadio no se cierra, nadie resultó herido-, se ha elevado el tono en redes y tertulias como si se hubiera cometido un crimen deportivo. Eso demuestra, de nuevo, que hay quienes ven a cierto rival solo como enemigo.
La realidad es que no hubo heridos, no hubo objetos volando de forma peligrosa, no hubo invasión de campo. Nada. Las medidas preventivas que tomó el club pese a que inicialmente provocaron polémica y fueron discutidas incluso desde el entorno perico funcionaron bien, y Competición lo valoró así. Y si algunos medios o tertulias culés están molestos con ello, quizá deberían preguntarse si celebrar que no hubo peores consecuencias no sería lo sensato, independientemente de los colores.
