Hay historias que se entienden mejor cuando se miran con algo de perspectiva. Dos técnicos que hace nada trabajaban en el fútbol base del RCD Espanyol han acabado ocupando puestos destacados en el Real Madrid, dentro de su cantera. Y no es un detalle menor. En el ambiente perico, este movimiento se ha vivido con una mezcla rara de orgullo y algo de enfado. Orgullo porque el talento formado en casa vuela alto. Enfado porque la salida, en uno de los casos, dejó cicatrices.
El nombre propio: Julián López de Lerma y una salida que dolió
El foco se lo lleva Julián López de Lerma. Durante más de dos décadas fue parte del día a día de la cantera blanquiazul. En verano de 2024, el club decidió que no siguiera. La noticia cayó mal y la despedida fue todavía más dura. Tras la reunión en las oficinas, con tensión incluida, el técnico cerró etapa y se despidió con una carta abierta que todavía resuena en las redes. Sus palabras, literales, fueron estas: «Ojalá la cantera vuelva a estar a la altura de lo que somos y sobre todo, de lo que fuimos. Y que las llaves y todas las decisiones de todo un club no recaigan sobre una única persona. La 21 no se mancha».
Ese mensaje no necesitó aclaraciones. Muchos lo leyeron como un dardo directo y claro a Fran Garagarza, alineado con un malestar que llevaba tiempo flotando alrededor de la gestión de La21, en especial respecto al trato a la gente de casa.
El enfado no fue solo cosa de aficionados anónimos. Moisés Hurtado, siempre significándose en casos que considera injustos, alzó la voz en redes con un mensaje que no se anduvo con rodeos: “Pero esto qué mierda es? Ya no es solo por el timming –a una semana de ver el rumbo del club- y se quiere prescindir de gente con criterio y formación demostrados durante años, que conocen la casa y los jugadores como nadie? Cada día el fútbol se parece más a la política”. Frases duras, pero muy representativas del sentir de una parte del espanyolismo, que vio la decisión como un paso atrás en identidad.
El ascenso en Valdebebas: confianza y vértigo
El giro del guion llega ahora. La figura de Julián ha ido crecoiendo a toda velocidad en Valdebebas. Primero, ganando peso en el Juvenil. Luego, despidiéndose del banquillo del Juvenil A para dar un salto mayor. En poco tiempo ha pasado de cerrar una etapa con ruido a convertirse en una apuesta fuerte dentro de la cantera blanca, y desde hoy ocupa el banquillo nada más y nada menos que del Castilla, cbriendo la vacante dejada por Arbeloa, que pasa a diigin al primer euipo. Para muchos pericos, la sensación es inevitable: ¿cómo puede ser que alguien a quien se deja marchar aquí termine ascendiendo allí casi sin freno?
El otro nombre del relato: Víctor Cea
La historia no termina con Julián. Víctor Cea también dejó el Espanyol B el pasado verano, en junio de 2025, en este caso según la versión oficial tras un acuerdo mutuo. Había llegado meses antes y cerró su etapa con el filial en Segunda Federación. Hoy, su nombre vuelve a sonar con fuerza en Valdebebas, dentro de ese efecto dominó que se ha vivido en la cantera blanca, ya que pasa a hacerse cargo del Real Madrid C. Otro ex técnico perico que encuentra acomodo en uno de los centros neurálgicos del fútbol formativo europeo.
Una sensación incómoda que sigue en el aire
Al final, todo esto deja preguntas abiertas. ¿Se está cuidando lo suficiente el talento de casa? ¿Se toman las decisiones con calma o con prisas? Lo que está claro es que ver a dos técnicos con pasado reciente en la cantera perica prosperar ahora en La Fábrica, una de las Academias más prestigiosas del mundo, no pasa desapercibido. Para algunos, es una simple casualidad. Para otros, un aviso bastante serio.

