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¿Qué nos deja realmente la presentación de Alan Pace en el Espanyol?

Alan Pace se estrena como nuevo propietario del RCD Espanyol con una presentación medida y emocional, sin prometer milagros ni marcar rupturas abruptas. Su discurso deja luces, sombras y la sensación de que ahora sí empieza una nueva etapa… pero que habrá que observar con lupa.

por Xavier Boró
15 de octubre de 2025

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Ha pasado un día desde que el nuevo propietario -y futuro presidente, como él mismo avanzó-  Alan Pace se puso ante los micrófonos del Auditori Juan Segura Palomares, en el corazón del RCDE Stadium. Desde que, con ciertas dificultades a causa del idioma, nos contó su historia, su ambición, sus miedos incluso. Y con las emociones ya algo más reposadas, toca mirar atrás, releer frases, repasar gestos y hacerse la pregunta del millón: ¿qué nos deja realmente esta presentación?

No es fácil de responder. Porque en la rueda de prensa no hubo fuegos de artificio, pero tampoco se cortaron las alas a la ilusión generada tras la noticia de la compraventa. Fue un punto de partida. Sin buscar el aplauso fácil, sin titulares llamativos, sin grandes promesas que se desinflan al día siguiente. Fue otra cosa. Más discreta, más honesta, más humana, aunque para unos decepcionante.Y eso ya es bastante.

Una presentación que no vendió humo, y eso es bueno…

Lo primero que hay que decir es que Alan Pace no vino a contarnos cuentos. No prometió Champions en tres años, como por mucho que le hayan explicado hizo Chen Yansheng. No nos enseñó un PowerPoint lleno de nuevas instalaciones futuristas ni fichajes propios e videojuego. No dijo lo que algunos querían oír, y eso, aunque pueda sonar raro, es positivo. Porque venimos de demasiados años de castillos en el aire, de «vamos a ir a Champions» cuando íbamos camino del pozo. Y de humo, aquí, ya estamos todos un poco hartos.

Pace habló claro: quiere que el Espanyol sea uno de los seis mejores clubes del país. Lo dijo varias veces. “Normalizar al Espanyol entre los seis primeros”. Suena ambicioso, pero lo dijo sin fanfarria, como quien lanza un objetivo que no es de hoy para mañana, sino de aquí a unos cuantos años y siempre gracias a la buena gestión. Y eso es lo mejor, que no lo planteó como una obsesión ligada al dinero, sino a la mentalidad, al crecimiento desde la base, al trabajo silencioso.

… pero tampoco fue un discurso rompedor

Ahora bien, también es verdad que a muchos les supo a poco. No por falta de contenido, sino por falta de ruptura. Hubo quien esperaba un golpe encima de la mesa. Una declaración que dejara claro que lo anterior se acabó. Que esta nueva etapa nada tiene que ver con la de Rastar. Y en eso, Pace prefirió el camino de la diplomacia.

Agradeció a Chen Yansheng su papel en la transición. Tuvo palabras de respeto para Rastar. Y confirmó que Mao Ye seguirá como CEO. Todo muy correcto. Muy medido. Pero también muy poco reparador para una afición que lleva años sintiendo que el club le ha dado la espalda.

Claro que, si lo piensas en frío, era lógico. Porque Rastar aún tiene un 16% del accionariado. Porque hay que cerrar muchas puertas con educación antes de abrir otras. Porque una rueda de prensa institucional no es el lugar para quemar puentes, aunque estén medio rotos. Y porque, como ya hizo en Burnley, Pace parece más de transición suave que de revoluciones.

Un propietario que no esconde su lado humano

Uno de los momentos que más sorprendieron -para bien- fue cuando Alan Pace habló abiertamente de su ansiedad. No como anécdota, sino como algo que ha marcado su vida. Y lo dijo ahí, en mitad de una presentación ante los medios, sin miedo a parecer vulnerable.

Es raro ver a un propietario de club de fútbol hablar así. En general, los dueños suelen presentarse como tipos duros, triunfadores, invencibles. Y él, sin embargo, se mostró humano. Nervioso, incluso. Emocionado al recordar su pasado en Barcelona y su familia. “Estoy viviendo una segunda luna de miel”, dijo. Y sí, tal vez sonó cursi. Pero también sonó sincero.

Eso no le convierte automáticamente en el presidente ideal. Pero sí deja claro que, al menos, no es un robot y se aleja de esos mandatarios que sólo se comunican a través del plasma. Ni un oportunista más que viene a jugar con nuestros colores como si fueran cromos.

La continuidad de Mao, el gran freno emocional

Ahora bien, no se puede obviar que la confirmación de que Mao Ye seguirá como CEO cayó como una piedra en el estómago de buena parte de la afición. Porque para muchos, su figura está asociada a lo peor de Rastar. A los silencios, a las excusas, a una forma de gestionar el club muy alejada del sentimiento perico.

Pace explicó que Mao será “lo más cerca de Rastar que vamos a estar” y que no tendrá injerencia en el día a día de la nueva propiedad. Pero eso no quita el mal sabor. La lógica dice que estamos en un periodo de transición. Que como pasó en Burnley, irá sustituyendo piezas poco a poco. Pero la emoción no siempre entiende de lógica. Y hoy por hoy, ver a Mao en el organigrama le cuesta a muchos.

¿Y ahora qué? Paciencia… pero también vigilancia

La gran conclusión, al final, es que no podemos juzgar a Pace solo por una rueda de prensa. Ni para bien, ni para mal. Ni podemos caer en el entusiasmo fácil ni en el escepticismo automático. Porque lo que dijo -y sobre todo lo que no dijo- tiene que ir tomando forma con el tiempo.

Habrá que ver cómo se mueve en enero, si hay refuerzos, si apuesta de verdad por el Fútbol Base y el Femenino, si empieza a cambiar estructuras internas, si cumple esa promesa implícita de “ganarse la confianza con hechos, no con palabras”. Y ahí sí, habrá que ser exigentes. Pero ahora mismo, lo que toca es observar. Y darle margen.

Al final, lo más importante no fue lo que dijo, sino cómo lo dijo. Con pausa. Con respeto. Con cierta humildad. Y con una frase que, más allá de todo, marca el inicio de esta nueva era: “Empezamos ahora”.

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