El fútbol tiene algo que va más allá de los números, los puntos o las estadísticas. A veces, lo que más atrapa es cuando los protagonistas del juego conectan con la gente desde lo emocional, lo humano, lo real. Y este viernes, en el RCDE Stadium, no solo se cruzan Espanyol y Girona. Se enfrentan también Manolo González y Míchel Sánchez, dos entrenadores con caminos muy distintos, pero con algo en común: se han ganado el respeto por ser auténticos.
Manolo nunca ha ganado a Míchel, pero firma una primera vuelta para soñar
El técnico del Espanyol llega a este derbi catalán con una mochila llena de méritos. Su equipo ha cerrado la primera vuelta con 34 puntos, el mejor dato de la última década y media, igualando registros que solo se vieron en tiempos de Valverde o Pochettino. Un temporadón. Diez victorias, cuatro empates, cinco derrotas y esa sensación de que este Espanyol no tiene techo. “No debemos cansarnos de ganar”, dijo hace unas semanas Manolo. Y no es una frase hecha, es casi un mantra en el vestuario.
Pero hay una espinita clavada: Manolo nunca ha podido ganarle a Míchel. Y no será por falta de intentos o por mérito de su equipo. Es simplemente que, por ahora, el técnico del Girona ha salido siempre bien parado en sus enfrentamientos directos. En total, cinco partidos sin perder ante el Espanyol como entrenador rojiblanco: dos victorias y tres empates. Para Míchel, los pericos son su rival fetiche: ante ningun otro equipo tiene ese registro de enfrentamientos sin derrota.
Míchel, el que siempre resiste
La historia de Míchel en Girona es de esas que, dejando de lado la rivalidad existente entre ambas aficiones, cuesta no admirar. Llegó en Segunda, ascendió, salvó al equipo, lo llevó a Europa y se convirtió en el entrenador con más partidos en la historia del club en fútbol profesional. Ya va por 202, y si aguanta hasta final de temporada, llegará a 221, una cifra mítica para los de Montilivi.
Esta temporada no ha sido fácil. Tras un inicio muy flojo y con el equipo en descenso durante varias jornadas, Míchel fue muy criticado, e incluso su continuidad se puso en duda por buena parte de la afición gironina, que demostró tener tics que no le cuadran de hinchada de equipo grande… y también ser muy poco agradecida y tener muy poca memoria. Pero él aguantó. Dando la cara, asumiendo errores, hablando claro: “Metí la gamba en las cinco primeras jornadas”, dijo sin rodeos. Y eso no lo hace cualquiera.
Ahora, con la victoria ante Osasuna, el Girona ha salido del pozo y encara la segunda vuelta con otro ánimo. “Estoy muy orgulloso porque los jugadores le han dado la vuelta a una situación muy complicada con personalidad”, declaró tras ese partido. No es solo que lo haya dicho. Es que se le notaba en la cara.
Respeto mutuo entre dos entrenadores que conectan
El Espanyol – Girona de este viernes será una batalla con mucho en juego. Europa está a tiro para los de Manolo. La permanencia, como objetivo realista, es la prioridad en Girona. Pero más allá del resultado, el duelo en los banquillos promete emociones fuertes.
Ambos técnicos han demostrado que el fútbol también va de piel, de empatía, de tener los pies en el suelo. Manolo, con su discurso cercano, humilde y directo. Míchel, con su autocrítica valiente y su lealtad al club que más le ha dado.
Los dos son más que entrenadores. Son líderes humanos en tiempos de discursos vacíos. Y por eso este partido también se juega en ese terreno. No sabemos quién ganará. Lo que sí sabemos es que el fútbol sale ganando cuando hay tipos como ellos en los banquillos.




