El meta del Espanyol Marko Dmitrović vivirá el derbi desde la otra punta del campo, la otra portería. Mientras todos los focos apuntan al regreso de Joan García al RCDE Stadium con la camiseta con el escudo del Barça, el serbio lo observa desde dentro, con calma, con oficio y también con una naturalidad que sorprende. Sabe que habrá comparaciones. Las acepta. Y no se esconde.
La otra cara del derbi se juega bajo palos
Dmitrovic aterrizó en el Espanyol con una misión nada sencilla: sustituir a uno de los porteros más en forma del momento, alguien que había dejado huella y que, para más inri, ahora vuelve como rival directo. Aun así, el serbio no ha hecho ruido. Ha parado y ha convencido. Hasta el punto de que, a estas alturas, casi nadie echa de menos a nadie.

Él mismo lo explica sin rodeos y con una sinceridad que desarma, en el canal Alesto Podkast: “Aquí en el Espanyol es aún más evidente porque Joan García se fue al Barcelona, que es un rival directo. Eso pesa para la afición. Pero ahora mismo las comparaciones son positivas”.
Asumir el juego… también fuera del campo
Dmitrovic no vive ajeno al contexto. Sabe cómo funciona el fútbol moderno, cómo las redes amplifican todo y cómo un error puede cambiar el relato en minutos. Por eso lo asume desde ya, sin dramatizar.
“El día que tenga un mal partido, vendrán las comparaciones negativas. Es parte del fútbol actual, de las redes sociales, y lo asumo con normalidad”, admite con serenidad,
Los números también hablan (y lo hacen claro)
Más allá de las sensaciones, los datos respaldan su temporada. Dmitrovic ha encajado 17 goles en 17 jornadas, mientras que Joan García llevaba 29 a estas alturas del curso pasado. El serbio ha dejado su portería a cero en siete partidos, por los dos que había logrado entonces el ahora portero del Barça. Y el porcentaje de paradas también cae de su lado: 76,71% frente al 73,98%

Sin hacer ruido, Dmitrovic está firmando una temporada muy seria. De esas que sostienen equipos.
La lección aprendida en Sevilla
Nada de esto es casualidad. Dmitrovic reconoce que aprendió por las malas en su etapa en el Sevilla, cuando se obsesionó con ser el heredero perfecto.
“Cuando Bono se fue, yo era el sustituto natural… Me autoimpuse una presión enorme. Quería ser mejor que Bono, dejar huella, demostrar que era superior”, recuerda. El resultado fue justo el contrario.
“Eso me llevó a no disfrutar, a no reconocerme. No disfrutaba jugando, algo que nunca me había pasado”. En el Espanyol decidió cambiar el chip: no ser el sustituto de nadie, sino ser él mismo.
El Espanyol como elección de vida
Con contrato hasta 2028, Dmitrovic también tuvo la opción de volver a casa, al Estrella Roja. Hubo llamadas, hubo interés, pero su decisión estaba clara.
“Yo llevo 11 años en España. Aquí tengo mi vida, mi familia”, zanja. Y esa tranquilidad personal se nota sobre el césped.
Fuente: AS
