En el Espanyol hay nombres que no se olvidan aunque pasen los años y cambien los escenarios. Diego López es uno de ellos. No hace falta que vista de blanquiazul ni que pise el RCDE Stadium cada fin de semana para seguir siendo uno de los suyos, de los que dejaron huella de verdad. En Cornellà-El Prat se le recuerda como capitán, como líder silencioso y como alguien que entendió el club incluso cuando el club atravesaba momentos muy difíciles.
Un adiós en 2022 que dejó cariño y respeto
El verano de 2022 marcó el final de su etapa como jugador del Espanyol. El club comunicó entonces que había decidido no renovar al guardameta, cerrando una etapa que se había iniciado en 2016 y que acabó convirtiendo a Diego López en una figura histórica de la entidad. El lucense se marchó tras 213 partidos oficiales, con récords de imbatibilidad en Primera, Segunda y Europa, y con un Zamora bajo el brazo en la temporada 2020-21.
Más allá de los números, lo que quedó fue el recuerdo de un capitán respetado dentro y fuera del vestuario. Se fue como se van los importantes: sin hacer ruido, con gratitud mutua y con la sensación de haber dado todo. Él y su familia quedaron ligados emocionalmente al club y a la afición, hasta el punto de que, desde entonces, se les sigue considerando unos pericos más.
Del césped al banquillo, sin perder identidad
Tras colgar los guantes en diciembre de 2023, a los 42 años, Diego López tenía claro que quería seguir vinculado al fútbol. Se formó, completó el UEFA A y empezó a mirar al futuro sin prisas, con la calma de quien ya lo ha vivido casi todo sobre el césped. En ese proceso surgió la oportunidad de volver a casa, al Real Madrid, el club donde se formó y al que siempre ha estado unido.
En el verano de 2025 se incorporó al cuerpo técnico del Castilla de la mano de Álvaro Arbeloa. No fue una casualidad ni un favor puntual. Les une una relación que viene de lejos, desde los tiempos de La Fábrica, pasando por el primer equipo y por aquella etapa intensa con José Mourinho en el banquillo. Arbeloa confió en él como parte clave de su staff, primero como preparador de porteros y luego con un rol cada vez más amplio.
El paso adelante junto a Arbeloa
Ahora, Diego López vuelve a estar de actualidad por el siguiente paso en ese camino. Arbeloa ha vuelto a pensar en él para su nuevo reto, reforzando un cuerpo técnico en el que la experiencia, el liderazgo y la gestión del grupo pesan tanto como la pizarra. Su papel no sería el de preparador jefe de porteros, ya que ese rol sigue en manos de Luis Llopis, una figura intocable en el organigrama blanco, sino más bien el de asistente cercano, alguien que suma en el día a día.
Desde dentro se valora especialmente que Diego López no llega como una figura decorativa, sino como alguien que viene de trabajar con métodos actuales, que se retiró hace muy poco y que entiende perfectamente el vestuario moderno. A eso se le añade una trayectoria de casi 600 partidos en la élite y una forma de estar que siempre ha generado respeto.
El recuerdo imborrable en el Espanyol
Mientras su carrera en los banquillos sigue creciendo, en el Espanyol se le observa con una mezcla de orgullo y cariño. No es solo un ex jugador, es alguien que estuvo al frente del vestuario en uno de los momentos más delicados de la etapa Chen, cuando el club vivió su primer descenso con el empresario chino al mando. Ahí muchos descubrieron que Diego López tenía algo más que reflejos bajo palos: tenía carácter, temple y capacidad para unir.
Por eso, aunque hoy su camino vaya ligado al Real Madrid y a Arbeloa, en el espanyolismo nadie siente distancia. Al contrario. Se celebra que le vaya bien, que crezca y que encuentre su sitio. Porque hay futbolistas que se marchan y otros que se quedan para siempre, aunque sea en la memoria y en el sentimiento.

