El empate del Espanyol en el Ciutat de València dejó un sabor agridulce, pero también algo mucho más profundo: emoción. La contracrónica de Juan José Caseiro va más allá del 1-1 ante el Levante y se convierte en un homenaje sincero al padre de nuestro director, compañero y sobre todo querido amigo Francesc Via, que falleció este fin de semana. Con su estilo de siempre, Caseiro mezcla análisis, ironía, autocrítica y un recuerdo entrañable para quien, como él mismo escribe, le pidió un día “que les diera caña” a los jugadores, precisamente lo mismo que hizo Manolo González ante el error que costó el gol del empate de los granota. Esta vez, el fútbol también sirvió para escribir desde el corazón.
Pecado de prudencia
A la estrategia de algunos fabricantes sobre la durabilidad de sus productos, se le ha llamado obsolescencia programada y a través de errores errores deliberados que se producirán en el futuro, estaremos obligados a cambiarlo. Aunque nos sabe a poco un empate justo, es posible que Ángel Rodríguez nos programase para que este sea el año de hacer saltar todo por los aires.
En el peor momento del inicio, Dmitrovic se hizo gigante en una buena parada; en el gol, Omar dejó la marca y Calero no vigiló la zona, pero tampoco nadie obstaculizó el saque de falta y emborrona parte del buen partido que hicieron los dos. Cabrera aprobó y el golazo de Romero vino en una ejecución más difícil que la que tuvo en área pequeña en la primera parte.
Urko González de Zárate, ‘el Conde de Robalones’ y el Expósito de la segunda parte, tuvieron la claridad que les faltó en los primeros 45’; Milla, como enganche, se pareció demasiado, pero mucho, al de temporadas anteriores.
La hoja de servicios de Jofre estaba siendo la más destacada y sorprendió su relevo antes que un Dolan con poco impacto. Kike se sintió incómodo porque si se llegaba al área era por las vías que menos le favorecían.
Los posibles titulares del banquillo se nos quedaron a las puertas de cambiarlo todo: la influencia de Roberto estuvo controlada por los granotas, Terrats participó demasiado escorado en la banda de Jofre y Pickel hizo un trabajo valioso que otras veces hace Pol. Puado que se rompió a los dos minutos, nos dejó acongojados hasta que sepamos el alcance.
El Ciutat tenía trampa: venían de ganar estando en descenso y salieron como miuras. Parecía que nos faltaba ambición, que jugábamos como otras muchas veces, viéndolas venir. Adelantarse fue un espejismo que duró lo justo cuando ninguno mereció ganar y tampoco perder. El pecado de la prudencia.
Un empate de esos que me lleva a alguien que no puedo pasar por alto, el Sr. Francesc, que me paró una vez saliendo del estadio y con esa mezcla de cariño y exigencia de quien ha visto mucho, me pedía que en las crónicas “les diera caña”. Estas líneas son para usted.
Juan José Caseiro
