Este viernes, el RCDE Stadium vuelve a ser escenario de un Espanyol – Girona que llega mucho más cargado de electricidad que en la primera vuelta. Entonces, en Montilivi, el 0-0 reflejó dos realidades muy distintas y un respeto casi forzado entre ambos. Hoy, el contexto ha cambiado. Los dos equipos ya no están tan lejos como hace unas semanas, el Girona ha reaccionado y el Espanyol sabe que no puede relajarse ni un segundo.
No es un partido más, y esos se palpa en la grada antes incluso de que ruede el balón.
El Girona llega crecido tras salir del pozo
El Girona ha conseguido algo que parecía complicado no hace tanto: salir del descenso con dos triunfos seguidos. Aire nuevo, algo más de calma y la sensación de que el equipo vuelve a creer. Esa reacción ha apretado la clasificación y ha reducido distancias con un Espanyol que sigue sustancialmente mejor colocado, pero que ya no mira tan de lejos por el retrovisor.
Ese detalle cambia el partido. El Girona ya no llega hundido ni resignado. Llega con colmillo, con urgencias todavía latentes y con la idea clara de rascar algo grande en Cornellà-El Prat. Además, al frente está Michel, un buen entrenado y además un buen tipo que le tiene la medida tomada al RCDE:
El Espanyol, con una espina clavada en casa
En clave perica, el duelo tiene un punto muy concreto marcado en rojo. El Espanyol nunca ha ganado al Girona en el RCDE Stadium. Es una estadística que pesa, que incomoda y que la afición tiene muy presente. Cada visita gironina ha terminado con frustración y esa sensación amarga de “otra vez no”.
Por eso este partido se vive casi como una final en el terreno emocional. El Espanyol llega mejor en la tabla, con una temporada más estable y con ganas de cortar de una vez esa racha que chirría demasiado para un club que quiere mandar en casa.
Un 0-0 que ya parece de otra vida
El empate sin goles de la primera vuelta se jugó en un contexto muy distinto. El Girona estaba seriamente tocado, el Espanyol venía con más confianza y el partido se movió entre la prudencia y el miedo a perder. Nadie quiso arriesgar demasiado y el resultado fue un choque plano, sin grandes golpes.
Ahora nadie firma eso. Las dinámicas han cambiado, el Girona necesita sumar y el Espanyol ha crecido exponencialmente hasta el punto de no conforarse, como quedó demostrado el domingo en Valencia, con sumar un punto. El empate ya no contenta a casi nadie.
Jerarquía en juego en el fútbol catalán
Más allá de la clasificación, el Espanyol quiere enviar un mensaje claro. Superar al Girona y dejar clara la jerarquía en el fútbol catalán. No es una frase hecha, es una cuestión de orgullo. En los últimos años, el crecimiento del Girona ha tensado una relación que antes era mucho más amable.
Este partido es una forma de recordar quién es quién, quién lleva décadas compitiendo arriba y quién ha llegado más tarde a la foto. En el vestuario perico eso se entiende perfectamente, aunque no siempre se diga en voz alta.
El riesgo de un golpe anímico
También hay una cara B que nadie esconde. Si el Espanyol pierde, serán ya tres partidos sin conocer el triunfo, y una derrota ante el Girona dolería el doble. No solo por la clasificación, también por lo que supone emocionalmente para una afición que le tiene muchas ganas al Girona y que vive este duelo de forma muy intensa.
Un mal resultado podría enfriar el ambiente y dejar una sensación incómoda en la grada. Ganar, en cambio, sería gasolina pura para el tramo decisivo de la temporada.
Mucho más que tres puntos
Así llega este Espanyol – Girona. Con números, pero sobre todo con orgullo, memoria y cuentas pendientes. El RCDE Stadium espera un partido caliente, de esos que se juegan con la cabeza pero también con el corazón. Y en noches así, el fútbol deja claro que hay rivalidades que aunque con una historia breve en el tiempo, ya no necesitan demasiada explicación.







