Con 18 puntos en 10 jornadas, el Espanyol ha firmado un arranque de temporada más que notable. Su solidez defensiva, el impacto de jugadores que están rindiendo a un nivel muy alto y el crecimiento colectivo del bloque de Manolo González han convertido a los blanquiazules en una de las revelaciones de este primer tramo.
Ahora, el equipo visita Mendizorroza con un reto claro: consolidarse en la parte alta. Una victoria ante el Alavés podría permitirle terminar la jornada en zona Champions, dependiendo de otros resultados. Pero no será fácil: el conjunto vitoriano también compite bien, sobre todo en casa.
En una Liga tan comprimida, cada punto cuenta. Y para el Espanyol, seguir sumando fuera de casa es clave para que el sueño europeo deje de parecer una utopía.
Viernes: arranca la jornada con un partido de deja al Getafe soñando con Europa y el Girona hundido
El Getafe de Bordalás volvió a imponer su ley con presión, intensidad y balón parado, venciendo 2-1 al Girona en un duelo muy físico. Mario Martín abrió el marcador con un cabezazo y Mayoral sentenció tras una jugada de Sancris. Stuani maquilló el resultado con un penalti en el descuento. Milla firmó dos asistencias y fue ovacionado. El Coliseum ya sueña con Europa, mientras que los de Míchel siguen hundido en la tabla.
Sábado de goleadas: Villarreal, Atlético, Real Sociedad y Madrid arrasan sin piedad
Para comenzar la jornada del sábado, el Villarreal pasó por encima del Rayo Vallecano con un rotundo 4-0 en La Cerámica. Gerard Moreno abrió el marcador con un golazo y los de Marcelino sentenciaron en la segunda mitad con tres tantos en nueve minutos. Invictos en casa, los amarillos confirman su gran momento.
El Atlético no tuvo piedad y arrolló al Sevilla (3-0) en el Metropolitano- Los de Simeone vencieron sin brillo pero con autoridad ante un conjunto el hispalense sin alma ni reacción. Griezmann marcó su gol número 200 en LaLiga en un partido resuelto por los errores defensivos visitantes.
La Real Sociedad se impuso 3-2 al Athletic en un derbi vasco lleno de tensión y emoción. Los donostiarras se adelantaron tres veces y lograron la victoria en el descuento gracias a un gol del canterano Gorrotxategi. Guedes y Brais Méndez completaron la fiesta en Anoeta.
Para acabar el día, el Real Madrid aplastó al Valencia (4-0); Bellingham lideró el festival blanco con un golazo y Mbappé firmó un doblete. Vinicius falló un penalti, pero el Bernabéu vivió una noche tranquila, con un Madrid brillante y un Valencia sin alma.
Domingo: el Espanyol, a escena en Mendizorroza
La jornada dominical arranca con un Levante – Celta con los locales en riesgo y los gallegos en toerra de nadie, y sigue con el Alavés – Espanyol, duelo directo entre dos de los equipos más fiables del arranque. Por la tarde, el Barça recibe a un correoso Elche, y ya por la noche La Cartuja acoge un bonito Betis – Mallorca con sabor a partido trampa.
Lunes: cierre tenso en el Tartiere
Para terminar, el lunes se jugará un partido clave por la parte baja: Oviedo – Osasuna. Los asturianos necesitan ganar para salir de la zona de descenso, y los rojillos necesitan una victoria urgente para evitar meterse de lleno en el barro.
Los partidos
La clasificación
Getafe CF – Girona FC (2-1)
La receta de Bordalás no caduca. Presión, duelos, intensidad y verticalidad. En una noche de las que hacen afición, el Getafe volvió a firmar uno de esos partidos marca de la casa para imponerse por 2-1 a un Girona que se fue con la sensación de haber caído en una emboscada. Goles de Mario Martín y Borja Mayoral, y un penalti de Stuani al final que no cambió el destino del choque. Triunfo con sello propio, en un Coliseum que ya sueña con Europa y que colocaba provisionalmente a los azulones en zona europea. Ahí es nada. Los de Bordalás salieron con el cuchillo entre los dientes desde el primer minuto. Un 4-4-2 que se volvió asfixiante, con Juan Iglesias como puñal por banda y un centro del campo diseñado para chocar y salir rápido. Arambarri y Coba lo intentaron desde fuera, pero sin puntería. El Girona, fiel a su estilo más asociativo, tardó en encontrarle el pulso al partido. No fue hasta que Ounahi se hizo con la brújula que los de Míchel empezaron a merodear el área rival con peligro. Joel Roca tuvo una clarísima, pero David Soria voló para frustrar lo que parecía el 0-1. El descanso llegó sin goles, pero con la sensación de que el partido podía explotar en cualquier momento.
Bordalás olió que algo faltaba y metió a Abqar, Mario Martín y Sancris tras el descanso. Y vaya si surtió efecto. La jugada clave llegó en el 73′, cuando Luis Milla sacó de la chistera un centro milimétrico desde una falta lateral. Mario Martín se adelantó a todos y la mandó dentro con un cabezazo seco. Segundo gol del joven centrocampista en Liga, y segundo que llega de la misma manera. Parece que se está especializando en esto del balón parado. Con el Girona lanzado a por el empate, Míchel movió el banquillo: Bryan Gil, Lemar y Vanat al campo. Y el ucraniano, precisamente, tuvo el 1-1 con un disparo cruzado que Soria volvió a salvar con un pie milagroso. Y de lo que pudo ser empate, se pasó al 2-0. Minuto 87: Sancris, eléctrico desde que entró, pone un centro medido al segundo palo y Borja Mayoral, en versión nueve clásico, remata tras doble toque dentro del área. La grada estalló. Ya en el descuento, una revisión de VAR por un agarrón de Domingos Duarte sobre Stuani acabó en penalti. El uruguayo no perdonó, pero el tiempo se le había escapado al Girona. El Getafe supo cerrar el partido, celebró por todo lo alto y se acostó cuarto en la clasificación. La gente coreó el nombre de Luis Milla, ovacionado por su partido y por sus dos asistencias de categoría en los dos goles. A Bordalás le vuelve a salir todo. El Coliseum sonríe.
Villarreal CF – Rayo Vallecano (4-0)
El Villarreal confirmó este sábado en La Cerámica que ha vuelto a enchufarse de verdad. Los de Marcelino García Toral golearon 4-0 al Rayo Vallecano en un partido que arrancó igualado pero que acabó siendo una exhibición local. El primer golpe lo dio Gerard Moreno, que por fin se estrenó esta temporada en liga con un golazo marca de la casa. Corría el minuto 22 cuando el capitán ‘groguet’ recortó en seco dentro del área a Pep Chavarría y la cruzó al palo largo con un toque de pura clase. El VAR revisó la acción por un posible fuera de juego, pero todo era legal. Ese tanto cambió por completo el guion: el Villarreal se sintió cómodo, dominó los ritmos y dejó el 1-0 al descanso sin pasar apuros. Antes del gol, el partido había tenido de todo. Pep Chavarría probó a Luiz Junior en el primer minuto y el portero brasileño respondió con seguridad. Después, Alemao tuvo la más clara para el Rayo, pero el guardameta del Villarreal volvió a aparecer con una mano salvadora. Poco a poco, los amarillos fueron creciendo, con un Moleiro muy suelto y Mikautadze generando espacios. Y fue precisamente el georgiano quien asistió a Gerard en el gol que abrió la tarde.
El inicio del segundo tiempo fue un torbellino amarillo. Nada más volver del vestuario, el recién entrado Oluwaseyi dejó a Pépé solo frente al arco, pero el extremo mandó el balón inexplicablemente por encima del larguero. Apenas tres minutos después, el Villarreal se rehizo a lo grande. En el 56’, Moleiro marcó el 2-0 con una definición impecable desde la frontal, aprovechando un rechace que cazó con la zurda. El golpe fue durísimo para el Rayo, que se vino abajo. Solo dos minutos después, Pépé y Moleiro tiraron una pared deliciosa y el canario, generoso, le sirvió el gol a Comesaña, que solo tuvo que empujarla. 3-0 y partido liquidado. Con el Rayo totalmente descolocado, el Villarreal se gustó, combinó a placer y volvió a marcar en el 65’. Esta vez fue Ayoze Pérez, que aprovechó un error en el control de Chavarría para plantarse solo ante Batalla y definir con frialdad. En nueve minutos, tres goles y una declaración de intenciones: este Villarreal empieza a parecerse al de las mejores épocas de Marcelino. El tramo final sirvió para medir los reflejos de Batalla, que evitó que la goleada fuese aún mayor con una parada a Buchanan y vio cómo el travesaño le salvaba en el 89’ ante un lanzamiento de falta de Parejo. Con el pitido final, La Cerámica celebró una nueva victoria —ya van cinco en seis partidos en casa— y la sensación de que el equipo vuelve a ser temible ante su gente. Marcelino se marchó con la sonrisa que se le pone cuando las cosas salen bien. No es para menos: el Villarreal sigue invicto en su estadio y parece haber encontrado la fórmula que tanto buscaba, con Gerard recuperando sensaciones y Moleiro confirmándose como uno de los grandes aciertos del curso. El Rayo, mientras, se marchó con la sensación de haber sido atropellado por un equipo que, poco a poco, vuelve a navegar en aguas europeas.
Atlético de Madrid – Sevilla FC (3-0)
El Atlético de Madrid no necesitó hacer un gran partido para imponerse al Sevilla. Ganó 3-0, y lo hizo casi por inercia, con ese tono gris y eficaz que solo los equipos grandes pueden permitirse cuando el rival se empequeñece. El Sevilla comenzó bien, atrevido, intentando tener el balón y competir de tú a tú. Pero el espejismo duró diez minutos. A partir de ahí, el Atlético fue adueñándose del partido con un ritmo pausado, sin apenas acelerar, pero sin dejar opciones. Los de Simeone manejaron el duelo como una cuestión de trámite, esperando el error del rival. Y el error, como casi siempre últimamente, acabó llegando. El primer tiempo tuvo poca historia. El Atlético no apretó demasiado, pero fue acumulando llegadas mientras el Sevilla se iba desinflando. El conjunto andaluz, a pesar del regreso de Azpilicueta y el esfuerzo de Mendy, volvió a mostrar inseguridad cada vez que el balón rondaba su área. Antes del descanso, Sorloth y Nico tuvieron dos ocasiones claras que desbarató Odysseas, y Vargas rozó el gol en la última jugada con un disparo al travesaño. El 0-0 al descanso fue más un alivio que un mérito para el Sevilla.
En la segunda mitad, el partido se resolvió por pura lógica. Almeyda cambió piezas para proteger a su equipo, pero los sustitutos empeoraron el panorama. Nianzou cometió un penalti infantil sobre Giménez tras un mal despeje y Julián Álvarez lo convirtió sin complicaciones. Apenas cinco minutos después, Marcao volvió a equivocarse en la salida de balón y Giuliano Simeone aprovechó el regalo para dejar solo a Almada, que hizo el segundo. En menos de diez minutos, el Sevilla se había hundido por completo. El Atlético, cómodo y paciente, no necesitó forzar la máquina. Tocó, esperó y remató el partido a falta de poco para el final, cuando Griezmann cerró la goleada con un disparo cruzado para alcanzar su gol número 200 en LaLiga. Fue un tanto simbólico, más que necesario, en una tarde en la que el francés volvió a mostrar su jerarquía sin apenas despeinarse. La derrota deja al Sevilla hundido, con un balance reciente de un gol a favor y ocho en contra desde su victoria ante el Barça. El equipo andaluz ha perdido la confianza, la solidez y hasta la actitud. Ni el regreso de Azpilicueta ni los ajustes tácticos de Almeyda logran frenar la sangría. Los errores se repiten, la defensa hace aguas y el equipo se va apagando jornada a jornada. El Atlético, por su parte, consolida su candidatura a todo. No necesitó hacer un esfuerzo descomunal ni mostrar un juego brillante. Le bastó con la concentración, la experiencia y la pegada. En un partido de trámite, los rojiblancos sumaron tres puntos más y prolongaron su buena racha en casa, mientras el Sevilla se aleja de todo y se acerca peligrosamente a la nada.
Real Sociedad – Athletic Club (3-2)
Hay partidos que no se ganan jugando, sino sintiendo. El Real Sociedad – Athletic de esta jornada fue exactamente eso: un derbi de pulsaciones, de sudor y de raza. De esos en los que el talento se esconde para dejar paso al coraje. La Real venció 3-2 en un partido de locura, con más músculo que fútbol, pero con un alma que pocas veces se ve en Anoeta. La Real se había avanzado dos veces, otras tantas igualó el Athletic, pero el golpe final, en el 93’, fue el que dejó K.O. al vecino. El estadio se vino abajo con el gol del joven Gorrotxategi, un canterano que firmó su primer tanto con el primer equipo en el momento más caliente posible. El encuentro empezó con más ruido que juego, típico de los derbis vascos recientes: patadas, protestas y poco espacio para la poesía. La Real, menos dominadora de lo habitual, se encontró mejor defendiendo y corriendo. El Athletic quiso proponer con Sancet y Nico Williams, pero su chispa está apagada. En medio del caos, Barrenetxea, medio lesionado, protagonizó una jugada surrealista: entró renqueante al campo mientras el ataque se desarrollaba por su lado y, a trompicones, asistió a Brais Méndez para el 1-0, su primer gol en siete derbis. Anoeta rugió como si hubieran ganado una final, aunque la alegría duró poco. El empate de Guruzeta, tras una jugada de pizarra con Galarreta y Gorosabel, devolvió la igualdad y encendió la mecha de un partido que parecía dormido.
A partir de ahí, el ritmo subió, y en la segunda parte apareció un nombre inesperado: Gonçalo Guedes. El portugués recordó al jugador eléctrico que enamoró en Valencia. Recibió un pase medido de Brais Méndez, dejó en evidencia a Laporte con un regate elegante y batió a Unai Simón con un disparo precioso. Hacía casi un año que no marcaba en Liga, pero eligió el día perfecto para volver a hacerlo. El Athletic no se rindió y logró empatar otra vez, esta vez en una jugada embarullada: Yuri colgó un balón al área, Vivian lo peinó, Rego lo tocó y Navarro, ex de la Real, lo empujó en el segundo palo. Un gol tan feo como importante que llevó la tensión al máximo. Pero cuando el empate parecía inevitable, la Real encontró el aire en un balón colgado al corazón del área. Gorrotxategi, casi un niño, cazó el rechace y la clavó. Era el minuto 93 y Anoeta se vino abajo. El pitido final fue una liberación para una Real Sociedad que necesitaba un triunfo así. Con menos posesión y más carácter que de costumbre, el equipo de Sergio Francisco demostró que sabe ganar también sufriendo. La afición celebró con lágrimas y abrazos un triunfo que vale más que tres puntos: es orgullo, identidad y revancha. En el otro lado, el Athletic Club se marchó con la cabeza baja. Cinco puntos en los últimos ocho partidos y una defensa que hace aguas resumen el momento de Valverde, que parece haber perdido el pulso del vestuario. El derbi acabó con bronca, con empujones entre Sancet y Aramburu, con los jugadores sacando fuego por la mirada. Fue el broche a un encuentro de los que se sienten más que se disfrutan. De esos que no se olvidan. Y en ese tipo de partidos, esta vez, el corazón fue txuri-urdin.
Real Madrid – Valencia CF (4-0)
Después de la tempestad del Clásico, llegó la calma. El Real Madrid firmó ante el Valencia su noche más completa de la temporada, una goleada (4-0) tan rotunda como sencilla. Fue una especie de reconciliación con su gente, con el fútbol y con ellos mismos. El equipo de Xabi Alonso funcionó como un reloj desde el minuto uno, con presión alta, ritmo y una intensidad que borró del mapa a un rival que parecía un fantasma. El Valencia fue un equipo ausente, sin alma, caminando por el césped como si jugara en otro planeta. No atacó, no defendió, no compitió. Y eso, ante este Madrid, equivale a una sentencia. El arranque ya dejó claras las diferencias. Mbappé abrió el marcador desde el punto de penalti —una jugada con tres faltas en una, para desesperación del VAR— y antes del descanso repitió tras un pase delicioso de Bellingham. El francés marcaba y sonreía, Vinicius lo intentaba y fallaba, y el Bernabéu disfrutaba con la sensación de que el equipo había encontrado, por fin, la armonía que su entrenador lleva buscando desde agosto. Hay futbolistas que parecen jugar en otra frecuencia, y Bellingham es uno de ellos. Volvió a ser el mejor, un futbolista que hace fácil lo que para otros parece imposible. Dirigió, corrió, presionó y marcó un gol espectacular, desde la esquina del área, imposible para Agirrezabala, el único valencianista que evitó una goleada aún mayor. Cuando el inglés toca la pelota, el Madrid fluye. Cuando no lo hace, el equipo lo nota. Y lo cierto es que ya está de vuelta: sin molestias, con confianza y con la sonrisa de quien vuelve a disfrutar. A su alrededor, Güler dejó detalles de calidad, Tchouaméni se impuso en cada duelo y Valverde, reconvertido a lateral, volvió a demostrar que su físico no tiene límites. Detrás, Militao estuvo imperial, imponiéndose en todos los duelos, y arriba, Vinicius vivió su noche más contradictoria: jugó bien, participó en varias jugadas clave, pero falló un penalti que congeló por un momento el Bernabéu. Xabi Alonso se tapó la cara para disimular, consciente de que hay errores que, en su equipo, no se repetirán dos veces.
La segunda parte fue puro trámite. El Madrid bajó una marcha, pero siguió controlando todo. El Valencia, que ya caminaba en piloto automático, ni siquiera se rebeló. Su técnico, Corberán, cambió un delantero por un defensa con 3-0 en contra, y aun así encajó el cuarto, una obra de arte de Carreras, que la clavó en la escuadra. Fue el colofón perfecto para un partido que nunca tuvo misterio. El 4-0 final deja al Real Madrid instalado en su mejor momento del curso. Xabi Alonso sonríe porque el equipo, por fin, juega como él quiere: agresivo sin balón, paciente cuando toca y con una pegada demoledora. En cambio, el Valencia se hunde sin remedio, en tierra de nadie, sin energía ni señales de vida. El contraste fue total: mientras uno roza la perfección, el otro parece un equipo que solo existe porque alguien le obliga a presentarse a los partidos. En el Bernabéu, la paz llegó vestida de goleada.
Levante UD – RC Celta | Domingo 2 de noviembre 14:00h, Ciutat de Valencia
Duelo directo por no caer al abismo. El Levante se sigue mostrando frágil y suma 9 puntos, los mismos que un Mallorca que parece en bucle. El Celta, por fin, ganó. Y lo hizo a lo grande en Pamplona.
Si Jutglà y Aspas mantienen su nivel, los gallegos pueden soñar con escapar de la quema. Pero en Orriols no hay margen para especular. Partido muy abierto.
Deportivo Alavés – RCD Espanyol | Domingo 2 de noviembre 16:15h, Mendizorroza
El Espanyol se presenta en Mendizorroza con la moral por las nubes. Quinto en la tabla, con 18 puntos, y con números de equipo serio. La victoria ante el Elche en el 125 aniversario fue emotiva, pero también necesaria.
El Alavés, que compitió bien en Vallecas, quiere hacerse fuerte en casa. Un triunfo perico podría significar el salto definitivo al tren europeo.
FC Barcelona – Elche CF | Domingo 2 de noviembre 18:30h, Montjuïc
Tras caer en el Clásico, el Barça está obligado a ganar. Las bajas siguen condicionando mucho a Flick, que debe reinventarse con una plantilla en cuadro. Fermín, Lamine Yamal y Pedri tienen que dar un paso adelante.
El Elche ya demostró ante el Espanyol que es un equipo valiente y con fútbol. Si se le permite correr, puede hacer daño. Partido trampa total para los azulgranas.
Real Betis – RCD Mallorca | Domingo 2 de noviembre 21:00h, La Cartuja
El Betis perdió ante el Atlético, pero dejó buenas sensaciones. Lo Celso pide paso, y si vuelve a su nivel, los de Pellegrini pueden carburar. En casa, siguen siendo un rival temible.
El Mallorca no termina de arrancar. Empató ante el Levante y muestra carencias en las dos áreas. Arrasate necesita un golpe de efecto… pero La Cartuja no parece el sitio más amable para conseguirlo.
Real Oviedo – CA Osasuna | Lunes 3 de noviembre 21:00h, Carlos Tartiere
El lunes se cierra la jornada con un duelo que huele a urgencias: Oviedo contra Osasuna en el Tartiere. Los asturianos, segundos por la cola con site puntos, se aferran al ambiente de casa para intentar romper su mala racha. Del otro lado, los rojillos no están mucho mejor. Después de varios tropiezos, necesitan los tres puntos como el comer para poner distancia con la zona roja. El partido tiene pinta de ser tenso, con más miedo que fútbol. Y el que pierda, se va a dormir con pesadillas.


