Este mediodía, en el Auditori del RCDE Stadium, Fran Garagarza tiene una cita de esas que marcan curso. El director deportivo del Espanyol se pone delante de los micros para hacer balance de un mercado de fichajes que, seamos sinceros, en general ha dejado a la afición perica más ilusionada de lo que se recuerda en mucho tiempo. No solo por los nombres, sino por la sensación de que, por fin, hay un plan.
La expectación es lógica: se espera que Garagarza aclare por qué se ha apostado por determinados perfiles, qué futbolistas de los que han sonado estaban realmente en la órbita del club y cuáles fueron solo humo, y si queda todavía remanente de cara al mercado de invierno. Y ojo, que ese ya será el primero bajo el paraguas de Velocity y Alan Pace. Además, el vasco, que podría ser también cuestionado por su futuro tras la marcha de Rastar, tendrá que poner sobre la mesa algo muy concreto: qué objetivo se marca el equipo esta temporada ahora que la plantilla está cerrada.
Porque números en mano, el trabajo impresiona. El Espanyol ha firmado 14 refuerzos, once de ellos en propiedad. Se ha blindado a Javi Puado hasta 2030, se ha resistido hasta el final por Omar El Hilali y se ha mantenido la calma incluso en un Deadline Day que, por una vez, no dio ni un sobresalto. Todo esto después de que el verano arrancara con el mazazo de la marcha de Joan García al Barça por los 25 millones de su cláusula.
Un mercado con planificación, no de última hora
Garagarza lo dejó claro hace días: “Nuestro reto es no ir al último minuto. Hay que cerrar lo que queremos. Entiendo que el trabajo está bien planificado”. Y así fue. Primero llegó Charles Pickel, después se amarró a Urko González de Zárate y, con ellos, se completó un puzzle que Manolo González llevaba semanas pidiendo para equilibrar el centro del campo.
El contraste con los dos veranos anteriores es brutal. En 2023, recién aterrizado y con el club en Segunda, el vasco tuvo que vender a piezas clave (Montes, Darder, Simo, Koleosho) y fichar con lo justo: tres millones por Pere Milla, 700.000 por Salvi y un puñado de cesiones y agentes libres. Fue un mercado de supervivencia, con un Keita Baldé casi en el descuento.
En 2024, recién ascendido, tocó tirar de nuevo de cesiones: Kumbulla, Král, Veliz, Cheddira, Ünuvar… un puzle parcheado que se sostuvo a base de milagros y que solo en invierno cogió forma con la llegada de Roberto Fernández y Urko.
Este 2025 ha sido otra cosa. Con algo de margen económico y la lupa de Velocity encima, Garagarza tenía que demostrar que, con recursos, también sabe construir. Y ha respondido: inversiones de peso (6,2 millones por Roberto, 5 por Urko, 2 por Riedel), ocho jugadores llegados a coste cero y apenas tres cesiones. Un giro radical respecto a la dependencia de préstamos de los cursos anteriores.
Ahora toca fijar el objetivo
El mensaje de hoy no solo va de fichajes. Va de ambición. Garagarza tendrá que explicar dónde quiere llevar este bloque: si a pelear por Europa, si a consolidarse primero en la élite o si, simplemente, a competir cada partido con estabilidad. Lo que está claro es que, tras siete puntos de nueve posibles ante Atlético, Real Sociedad y Osasuna, el arranque invita a soñar.
La sensación en la grada es clara: se ha pasado de improvisar y apagar fuegos a construir con calma y convicción. Por eso lo de hoy importa tanto. No será solo un balance de mercado. Será el primer paso de un Espanyol que quiere dejar de mirar al reloj y empezar a mirar hacia arriba.



